En medio de la devastación causada por el reciente terremoto en Cali, Kelly Díaz, psicóloga y voluntaria, se ha convertido en un símbolo de esperanza y determinación. Su cuerpo sigue funcionando gracias a un estado de alerta que mantiene su mente y su corazón en constante lucha. Para ella, la vida debe prevalecer a pesar del dolor: «Cada día que pasa siento que tengo que buscar a los sobrevivientes porque, aunque la tragedia me ha tocado de una forma inimaginable, debo ser fuerte por los demás», comenta con una voz entrecortada. La tragedia le golpeó de cerca, con la muerte de la mejor amiga de su hija en sus brazos, pero eso no la detiene; su convicción por ayudar la empuja a seguir adelante en esta dura búsqueda.
La mañana del lunes se convirtió en un escenario desolador para todos los padres al momento de dejar a sus hijos en el colegio Nuevo Edén. Kelly recuerda cómo un pequeño sismo se transformó rápidamente en un temblor devastador. Cuando llegó al colegio, se encontró con la impactante escena de escombros y caos: «Había tanto desorden y angustia; ver a tantos niños asustados me rompía el corazón, pero sabía que debía actuar», relata mientras su mente repasa los momentos que vivió. Su entrenamiento en primeros auxilios se activó instantáneamente cuando decidió ingresar a ayudar a los heridos, enfrentándose a la dura realidad de que su hija, y su amiga, estaban en medio del desastre.
La situación en Cali es crítica, con más de 70 fallecidos y cerca de 150 desaparecidos, mientras se reportan numerosas estructuras colapsadas. Esta tragedia ha impactado no solo a la comunidad escolar, sino a toda la ciudad, donde los esfuerzos de rescate no cesan. A medida que las horas avanzan, los rescatistas, junto a valientes voluntarios como Kelly, trabajan incansablemente para detectar cualquier signo de vida. Su espíritu indomable resuena en el aire: deben encontrar a los sobrevivientes y recuperar un poco de esperanza en medio del duelo. Kelly describe la experiencia de escuchar signos vitales de un niño atrapado con su madre y abuela como un aliciente en su trabajo: «Es un desafío, pero cada señal de vida que encontramos es un motivo para seguir luchando».
La falta de respuesta inmediata por parte de las autoridades ha llevado a que los voluntarios se conviertan en el pilar fundamental de la ayuda en la zona. Kelly Díaz subraya la importancia de este apoyo comunitario: «Muchos de nosotros estamos aquí, atendiendo heridos y levantando los cuerpos porque sabemos que esa es nuestra responsabilidad cuando se ignora a una comunidad pequeña como la nuestra». Con cada nuevo voluntario que se une a la causa, la fuerza colectiva se amplía, reflejando una solidaridad que es esencial en tiempos de crisis. Mientras las organizaciones de rescate profesionales logran llegar a las áreas afectadas, los esfuerzos de la comunidad local llenan un vacío crítico.
En medio de esta tragedia, el papel de los voluntarios ha sido crucial. Con destreza, decenas de personas se organizan para buscar sobrevivientes, mientras distribuyen alimentos y agua, sin descanso por la urgencia de salvar vidas. Kelly observa la llegada de rescatistas de otras regiones, como los «Topos de México», quienes aportan su experticia en tareas de rescate, pero sabe que serán porciones de la comunidad quienes marquen la diferencia. «El pueblo salva al pueblo», asevera, con la esperanza arraigada de que en medio de tanto dolor, también hay relatos de superación y resistencia. «Cada vida que logremos rescatar es un triunfo, un paso hacia la sanación de todos nosotros.»








