Juan Estanislao Muñoz, un agricultor de 61 años, se encuentra en medio de una crisis sin precedentes en su comunidad de las Chácaras, situada en el departamento de Choluteca, al sur de Honduras. Durante su vida, ha experimentado sequías intensas, pero jamás una tan devastadora como la actual. «No va a haber cosecha, no va a haber nada», lamenta Muñoz, reflejando el temor de miles de agricultores que dependen de la agricultura de subsistencia en una zona conocida como el Corredor Seco centroamericano. Esta región, que abarca partes de Guatemala, El Salvador, Nicaragua y Costa Rica, es hogar de más de 10 millones de personas, muchas de las cuales viven en condiciones de pobreza extrema y enfrentan riesgos significativos de desnutrición, especialmente los niños.
La sequía actual ha sido exacerbada por el fenómeno de El Niño, un ciclo climático natural que cambia drásticamente los patrones de lluvia y temperatura en el Pacífico. Según el Servicio Meteorológico del Reino Unido, el evento de El Niño que se experimenta ahora es el más intenso registrado desde 1900, contribuyendo de manera significativa a la crisis que ya afecta a la región. En el caso de las Chácaras, los cultivos de maíz y frijol, fundamentales para la alimentación de las familias, se han perdido, y los recursos hídricos se están agotando. Muñoz menciona que su ganado, una fuente crucial de sustento, sufre de desnutrición debido a la falta de pasto y agua.
La directora regional del Programa Mundial de Alimentos (PMA) de la ONU, Lena Savelli, ha estado en el terreno, donde ha observado los devastadores cambios que la sequía ha causado. En su visita a Choluteca, se encontró con ríos que antes eran fuentes vitales de agua, convertidos ahora en caminos de tierra y piedras. Según Savelli, las proyecciones son alarmantes: el número de personas en situación de inseguridad alimentaria en Honduras podría aumentar de 1.4 millones a 1.9 millones. La situación también es crítica en toda América Central, donde hasta 4.2 millones de personas podrían enfrentar inseguridad alimentaria severa debido a la sequía asociada con El Niño.
El impacto de la sequía no se limita a la agricultura; también afecta a los servicios básicos y a la economía local. Los testimonios de residentes de comunidades afectadas revelan cómo la falta de lluvias ha llevado a la pérdida de cosechas y, en consecuencia, al aumento de la pobreza. La pareja de ancianos, Don Lorenzo y Doña Rosa, quienes han tenido que depender de la ayuda del PMA para subsistir, destacan que sus condiciones de vida han cambiado drásticamente. Antes eran capaces de cultivar suficientes alimentos para mantener a sus hijos, pero ahora enfrentan la cruda realidad de ver a sus nietos ir descalzos debido a falta de recursos.
Los gobiernos centroamericanos han instaurado programas de emergencia en respuesta a la crisis, incluyendo la distribución de alimentos y asistencia financiera para agricultores. Sin embargo, los expertos como Savelli subrayan la necesidad de no solo actuar en el corto plazo, sino también de implementar soluciones sostenibles que fortalezcan la resiliencia de las comunidades frente a fenómenos climáticos cada vez más extremos. Las medidas a largo plazo son cruciales para garantizar que las familias como la de Juan Estanislao Muñoz puedan volver a depender de su cosecha y recuperar sus medios de vida en el futuro.








