El Niño 2023: ¿Qué esperar de su impacto en América Latina?

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Tras semanas de seguimiento y análisis, la Organización Meteorológica Mundial (OMM) anunció la confirmación de un episodio de El Niño de alta intensidad con una probabilidad del 80% para el periodo comprendido entre junio y agosto. Esta alerta se basa en el aumento inusual de la temperatura de las aguas oceánicas y el notable calentamiento subterráneo. Según la OMM, existen un 90% de posibilidades de que estas condiciones se mantengan hasta noviembre. Bárbara Tapia Cortes, Coordinadora Técnica de Servicios en la Oficina Regional de la OMM para las Américas, subrayó que el enfoque en los próximos meses será determinante para comprender la intensidad y el timing de este fenómeno climático.

El Niño, que representa la fase cálida de la Oscilación del Sur, afectará significativamente a América Latina, siendo esta región una de las más vulnerables a sus perturbaciones. Los efectos del fenómeno, típicamente, generan sequías en el norte mientras que intensifican la humedad en el sur y en el noroeste del continente. Ben Clarke, investigador del Imperial College de Londres, destacó que este clima extremo no solo traerá consigo olas de calor intenso, sino que también elevará el riesgo de incendios forestales, lo que podría alterar gravemente la biodiversidad y convertir a Brasil, reconocido por su función como sumidero de carbono, en una fuente emisora de CO2.

La agricultura y la pesca se verán gravemente afectadas por estos cambios climáticos. Isabel Mesquita, del Global Landscape Forum, advirtió que la producción agrícola enfrentará desafíos como el aumento de costos debido a la escasez de agua, la devastación de infraestructuras por inundaciones y un aumento de plagas y enfermedades. Cultivos clave como el maíz, sojas y diversos productos agrícolas están en la línea de fuego ante la llegada de El Niño. En el ámbito pesquero, Jack O’Connor, investigador en Alemania, mencionó que las normativas biológicas de ciertos peces, como la anchoveta en la costa del Pacífico, se verán comprometidas por las alteraciones en las corrientes marinas.

A pesar de la gravedad de la situación, los expertos resaltan la importancia de la anticipación en la gestión de estos fenómenos. A diferencia de otros desastres naturales como huracanes, El Niño puede monitorearse y preverse con meses de antelación, lo cual ofrece una ventaja crucial. Tapia enfatizó la necesidad de los gobiernos de adoptar un enfoque proactivo en lugar de reactivo, permitiendo así la preparación de cultivos resistentes y desde luego, una infraestructura hídrica adecuada, así como la implementación de planes de contingencia que integren diversos sectores.

Con el fin de mitigar los efectos adversos de El Niño, se plantean soluciones innovadoras. Clarke sugiere la implementación de sistemas de almacenamiento de agua en áreas propensas a la sequía mientras que Mesquita enfatiza la preservación de suelos y ecosistemas, así como el acceso a información climática precisa. La colaboración y la inversión en infraestructuras sostenibles, prácticas agrícolas resilientes y métodos de producción responsables son herramientas clave a considerar para afrontar este desafío climático de manera efectiva en América Latina.

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