La enfermedad celíaca es un trastorno digestivo que afecta a muchas personas en todo el mundo, y es importante entender que no existen grados de celiaquía. Cuando una persona recibe un diagnóstico de celiaquía, significa que su cuerpo no tolera el gluten, una proteína presente en alimentos como el trigo, la cebada y el centeno. La idea de que se puede ser “más” o “menos” celíaco es un mito que puede llevar a confusiones graves en el manejo de la enfermedad. La Organización Mundial de Gastroenterología enfatiza que, independientemente de los síntomas, la única forma efectiva de tratar la enfermedad celíaca es seguir una estricta dieta sin gluten, sin excepciones.
Es fundamental tener claro que, aunque la intensidad de los síntomas puede variar entre los pacientes, todos ellos padecen la misma enfermedad. Algunos celíacos pueden no experimentar síntomas evidentes y esto no significa que su condición sea menos severa. De hecho, el daño que el sistema inmunitario provoca en el intestino delgado es la misma para todos los celíacos, y puede llevar a consecuencias serias si se continúa consumiendo gluten. Espécies del daño, como la atrofia de las vellosidades intestinales, un problema recurrente en pacientes que no siguen la dieta recomendada, pueden aparecer independientemente de si una persona muestra síntomas o no.
Los síntomas de la celiaquía pueden ir desde pérdida de peso y diarrea, hasta alteraciones emocionales como irritabilidad o apatía. Sin embargo, su aparición no es constante ni uniforme en todos los afectados. Según Teresa Bermejo de la Federación de Asociaciones de Celíacos de España, el daño a las vellosidades intestinales es un fenómeno que siempre está presente, pero la sintomatología puede variar por diferentes factores, como la edad o el estado inmunitario de cada paciente. Esto subraya aún más que no tiene sentido hablar de grados en la celiaquía.
Las complicaciones asociadas a la celiaquía no tratada son serias, incluyendo infertilidad, osteoporosis y un mayor riesgo de desarrollar ciertos tipos de cáncer. Estos riesgos no dependen de la cantidad de molestias que sienta un paciente, pues aún quienes no presentan síntomas pueden estar en riesgo de sufrir dichas complicaciones. Por lo tanto, es crucial que todas las personas diagnosticadas sigan rigurosamente la dieta sin gluten, sin intentar justificar transgresiones a través de mitos sobre grados de enfermedad.
Finalmente, es relevante distinguir entre los tipos de enfermedad celíaca, ya que, aunque no hay grados, sí hay diversas presentaciones clínicas. Estas pueden ir desde una celiaquía asintomática, que no presenta síntomas pero sí daño intestinal, hasta formas sintomáticas que se manifiestan con síntomas variados. Esta variedad debe entenderse en el contexto del diagnóstico y tratamiento, pero no como una clasificación que implique grados de severidad en la enfermedad en sí misma. De esta manera, queda clara la conclusión de que, en la celiaquía, o se es celíaco o no se es.






