Juan y Elisa son una pareja de jubilados cubanos que, a sus más de 80 años, enfrentan la dura realidad de vivir con solo 5,800 pesos mensuales, equivalentes a aproximadamente 11.6 dólares en el mercado informal. Su día a día se desarrolla en un ciclo que refleja la vulnerabilidad extrema de muchos ancianos en Cuba. Al levantarse, compran un pan en el mercado estatal, que comparten entre ambos, acompañándolo con té azucarado. Este desayuno austero marca el tono de su rutina, donde cuidando de niños y personas con discapacidad a su alrededor, logran conseguir alguna comida adicional o, en el mejor de los casos, un poco de dinero para complementar su escaso menú básico que incluye arroz, frijoles y, si tienen suerte, algunos huevos. La otra mitad del pan que no consumen en la mañana les sirve como cena, junto a más té, manteniendo así una jornada que para muchos sería considerada “buena” en medio de una vida marcada por la necesidad de sobrevivir día a día.
La situación de Juan y Elisa no es un caso aislado; es representativa de una creciente preocupación acerca de la desigualdad en Cuba, según la socióloga Mayra Paula Espina de la Universidad de La Habana. Con la apertura a micro y pequeñas empresas (Mipymes) a finales de 2021, las dinámicas económicas en la isla han cambiado, pero no necesariamente para mejor. Mientras algunos sectores se benefician de la nueva variedad de productos disponibles, la mayoría de los cubanos, incluidos muchos jubilados, se ven excluidos de estos beneficios debido a los altos precios que no pueden afrontar. Por el contrario, un supermercado privado cercano a su hogar ofrece productos de lujo como queso de cabra y embutidos que solo una pequeña élite puede permitirse, creando un contraste doloroso en una nación que buscó, alguna vez, una equidad social notable a finales del siglo XX.
Cuba actualmente atraviesa una crisis económica severa, quizás la más aguda desde la caída de la Unión Soviética en 1991, un evento que precipitaría el llamado “Periodo Especial”. La economía se ha visto mermada por una combinación de factores que incluyen el colapso del turismo, el embargo económico de Estados Unidos y la falta de suministros, exacerbada por tensiones políticas actuales. Históricamente, el país había logrado un coeficiente Gini excepcionalmente bajo en las décadas posteriores a la Revolución de 1959, pero las reformas económicas y los cambios en la estructura de mercado han renovado las desigualdades. Si bien algunos grupos sociodemográficos se habían beneficiado del sistema, hoy enfrentan restricciones severas en el acceso a bienes y servicios básicos, y como indica Espina, aproximadamente el 45% de la población vive en condiciones de pobreza.
La liberalización del sector privado ha introducido una nueva segmentación dentro de la economía cubana, donde los sectores más vulnerables se ven forzados a operar en la informalidad. Los salarios estatales se encuentran estancados, y la dolarización solo ha servido para aumentar la brecha entre los que tienen acceso a dólares a través de remesas o trabajos en el sector turístico, y aquellos que dependen exclusivamente de ingresos en pesos cubanos. La clasificación de los supermercados en Cuba refleja esta división: los de alto valor están reservados para una minoría, mientras que otros con ofertas limitadas y precios relativamente más bajos, aunque aún inaccesibles para muchos, se distribuyen en barrios más modestos. Esta segmentación alimenta aún más la desigualdad, dejando a millones en un limbo de escasez.
Los problemas económicos profundos han llevado también a una migración sin precedentes, con más de un millón de cubanos abandonando la isla en busca de mejores oportunidades en otros países entre 2021 y 2023. Esta crisis ha creado una presión cada vez mayor sobre el gobierno cubano, donde las voces críticas se alzan frente a la evidente desconexión que existe entre las necesidades de la población y las respuestas oficiales. El presidente Miguel Díaz-Canel ha reconocido la existencia de problemas sociales graves, incluso frente a los comentarios desconcertantes de funcionarios como la exministra del Trabajo, Marta Elena Feitó Cabrera. Aunque el gobierno busca alternativas en el sector privado para mejorar la situación, aún persiste la incertidumbre sobre el progreso real hacia la solución de la crisis y la restauración de la equidad que durante varias décadas fue un aspecto distintivo del modelo cubano.








