Relación China-Cuba: ¿Por qué el apoyo de Pekín es limitado?

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La famosa frase «Buenos hermanos, buenos camaradas, buenos amigos» utilizada por el líder chino Xi Jinping, refleja la profundidad de los lazos entre China y Cuba, cimentados a lo largo de décadas. Desde el establecimiento de su relación diplomática en 1960, ambas naciones han cultivado un vínculo significativo, no solo en términos ideológicos, sino también a través de la cooperación económica. La isla caribeña ha sido considerada un puente esencial entre Pekín y América Latina, y China ha sido un aliado valioso para Cuba, especialmente en momentos de dificultad económica. Sin embargo, a pesar de este trasfondo de amistad y apoyo, la respuesta de China frente a las crisis actuales que enfrenta Cuba ha sido cautelosa, lo que lleva a cuestionar la verdadera naturaleza de esta relación histórico-estratégica.

China ha mostrado su apoyo a Cuba con gestos concretos en tiempos de crisis, como lo evidencian las donaciones recientes de cerca de 60 mil toneladas de arroz y 80 millones de dólares para mejorar la infraestructura energética de la isla. Este tipo de asistencia es crucial en un momento en el que Cuba se enfrenta a severas crisis alimentaria y energética, exacerbadas por las sanciones estadounidenses que impiden la llegada de petróleo y otros recursos. No obstante, los expertos subrayan que, a pesar de estos gestos positivos, el respaldo de China es más limitado de lo que podría esperarse. La relación ha dejado de ser predominantemente ideológica, y China parece estar optando por un enfoque más estratégico y pragmático al considerar su apoyo.

Los lazos comerciales entre Cuba y China, aunque significativos, no se comparan con la relación que Pekín mantiene con otros países de América Latina como Argentina y Brasil. La disminución en las importaciones cubanas desde China entre 2017 y 2022 es un reflejo del enfoque prudente que Pekín adopta hacia la isla. Profesores y analistas sugieren que, aunque Pekín ha mostrado generosidad, la falta de un interés comercial sustancial significa que la ayuda no será incondicionada. Así, este comportamiento indica que China tiene sus propias prioridades de inversión y que su ayuda a Cuba debe alinearse con sus intereses económicos globales.

La influencia de Estados Unidos en la crisis cubana también desempeña un papel crucial en la operación de China en la región. Con el endurecimiento de la «Doctrina Monroe» durante la era Trump, cualquier apoyo adicional de China hacia Cuba podría ser visto como un acto provocador hacia Washington. Por lo tanto, aunque China condena las sanciones estadounidenses, su respuesta es moderada y cuidadosa para no comprometer su relación con una superpotencia que es también un socio comercial clave para Pekín. Esta delicada trama geopolítica pone de manifiesto que, a pesar de los lazos históricos, los intereses estratégicos de China pueden prevalecer sobre los ideales ideológicos cuando se trata de manejar relaciones exteriores.

La cuestión de Taiwán es otro factor que complica el apoyo de China a Cuba. La dinámica entre Estados Unidos y Taiwán es crítica en la política china, lo que lleva a Pekín a tener cuidado al involucrarse en América Latina, un área de influencia donde Washington se ha mostrado cada vez más agresivo. Desde la perspectiva de China, la arbitrariedad ideológica con la que se asocia la solidaridad con Cuba no siempre toma precedencia sobre consideraciones más amplias de seguridad y estrategia económica. En la era de Xi Jinping, las relaciones parecen estar determinadas más por cálculos pragmáticos que por lazos ideológicos, lo que sugiere que, aunque Cuba sigue siendo un socio valioso para Beijing, su importancia puede ser cada vez más limitada dentro del gran tablero internacional.

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