Militarización en América Latina: La nueva Coalición contra el Narcotráfico

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En medio de la convulsión política y social en Oriente Medio tras los recientes ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán, Donald Trump ha convocado a varios líderes latinoamericanos a la cumbre conocida como “Escudo de las Américas”, celebrada en Miami. Durante este encuentro, Trump anunció la creación de una nueva “coalición militar” destinada a combatir a los carteles del narcotráfico que operan en la región. Según Christopher Hernandez-Roy, investigador del Center for Strategic and International Studies, este movimiento refleja un renovado interés de Washington por colaborar con sus socios latinoamericanos, intercambiando inteligencia y coordinando operaciones conjuntas para desarticular las redes narcotraficantes que amenazan tanto la estabilidad regional como la seguridad nacional de Estados Unidos.

La cumbre se enmarca dentro de una estrategia más amplia del gobierno de Trump por implementar un enfoque pragmático en la política exterior hacia América Latina. Evan Ellis, del Instituto de Estudios Estratégicos del Ejército de Estados Unidos, señala que la esencia del acuerdo es un compromiso explícito de utilizar fuerza militar para desmantelar los cárteles, sin que esto esté condicionado por el régimen autoritario de ciertos países o por consideraciones de derechos humanos. Este cambio de paradigma sugiere que la seguridad se ha convertido en la máxima prioridad de Estados Unidos en su lucha contra lo que se denomina «narcoterrorismo», una estrategia que se alinea con su interés por frenar el flujo de drogas y la migración forzada hacia su territorio.

En los últimos meses, la cooperación militar y de inteligencia entre Estados Unidos y algunos países de América Latina ha ido en aumento. Recientemente, Estados Unidos fue instrumental en la operación que llevó a la captura de ‘El Mencho’, líder del poderoso Cártel Jalisco Nueva Generación. Además, Ecuador ha iniciado operaciones militares conjuntas con Estados Unidos para combatir el narcotráfico dentro de su territorio, un claro símbolo de cómo los países de la región están buscando apoyo externo para enfrentarse a un problema que se ha vuelto cada vez más complejo y peligroso.

Un desarrollo notable posterior a la cumbre fue el levantamiento del embargo militar que Estados Unidos había impuesto a Guatemala durante casi cinco décadas. Este embargo, que fue resultado de violaciones a los derechos humanos durante el conflicto armado en el país, ha sido recientemente eliminado, lo que permite a Guatemala iniciar un proceso de adquisición de armas y equipamiento militar. Con un presupuesto de aproximadamente 50 millones de dólares, el Ejército guatemalteco tiene planes de modernizar sus fuerzas en un contexto de creciente violencia asociada a las pandillas y los cárteles, lo que pone de manifiesto la necesidad urgente de apoyo militar en la región, tal como lo reafirma Evan Ellis.

Sin embargo, la creciente militarización en América Latina ha sido objeto de debate. Juan Battaleme, experto en relaciones internacionales, argumenta que, aunque hay una tendencia creciente hacia la militarización, la realidad es que muchos países de la región todavía carecen de esa capacidad y modernización militar necesaria. A pesar de que representa solo el 2.4% del gasto militar global, la situación de criminalidad en América Latina demanda una respuesta más activa y efectiva, impulsando a los gobiernos a considerar el uso de la fuerza militar como una solución viable ante la amenaza que representan los cárteles y otras organizaciones criminales transnacionales.

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