El acercamiento entre Venezuela y Estados Unidos ha tomado un giro inesperado tras la fallida operación militar del 3 de enero que culminó con la captura del presidente Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores. Este hecho no solo ha reconfigurado los lazos entre ambos países en el sector petrolero y minero, sino que también ha comenzado a abarcar colaboraciones en el ámbito policial y judicial. La extradición de Ali Zaki Hage Jalil a Panamá, un hombre imputado por su supuesta vinculación con el atentado de 1994 que dejó 21 muertos, es un claro ejemplo de esta nueva etapa en las relaciones bilaterales. Estados Unidos, junto a Panamá, ha acusado a Hage Jalil de ser parte de Hezbolá, una organización militante chiita de notable señalado por su vinculación con actividades terroristas en la región.
La colaboración y el intercambio de información entre las autoridades estadounidenses y venezolanas se han intensificado recientemente, como lo demuestra la captura de Hage Jalil en la isla de Margarita el 5 de noviembre de 2025. Los reportes indican que su detención fue realizada sin incidentes, un detalle que indica un avance significativo en la capacidad de las fuerzas de seguridad venezolanas para actuar en temas de criminalidad internacional. La embajada estadounidense en Panamá subrayó en un comunicado que esta extradición es un simbolismo de la determinación de la administración de Donald Trump para buscar justicia y cerrar ciclos relacionados con actos de terrorismo.
Ali Zaki Hage Jalil, cuya nacionalidad venezolana fue adquirida en 2005, presenta una biografía compleja que se ha entrelazado con la comunidad libanesa en Venezuela. Nacido en Colombia y descendiente de una familia libanesa, se trasladó a Venezuela en su infancia. Durante la última parte de su vida, se dedicó al sector gastronómico, operando un restaurante en Pampatar que gozó de popularidad y buenas relaciones en el medio local. No obstante, su aparente tranquilidad fue precaria, pues estuvo en la mira de las autoridades por ser el presunto coordinador de un ataque terrorista que tuvo consecuencias devastadoras tanto en Panamá como en la comunidad judía internacional.
La historia del atentado que Hage Jalil es acusado de haber orquestado ha permanecido como un oscuro capítulo en la historia de Panamá. El vuelo 901 de Alas Chiricanas fue derribado pocos minutos después del despegue, colocando a la nación en el centro del debate sobre terrorismo en la región. A pesar de la evidencia presentada, las autoridades panameñas no procesaron a Hage Jalil en su momento, lo que le permitió continuar su vida en Venezuela sin ser confrontado por sus acciones del pasado. Esta nueva cooperación entre EE.UU. y Venezuela, sin embargo, sugiere un cambio drástico en la gestión de criminalidad internacional por parte del régimen, lo cual podría traer repercusiones significativas en el futuro.
Por otro lado, las relaciones entre Estados Unidos y Venezuela han sido tensas por años, y el creciente vínculo con Hezbolá ha alimentado aún más las acusaciones de que el régimen de Maduro facilita la presencia de grupos terroristas en su territorio. Exfuncionarios venezolanos y analistas internacionales han revelado que el tráfico de documentos y pasaportes a ciudadanos de Medio Oriente ha sido un fenómeno alarmante, aunque el oficialismo ha desestimado la existencia de tales prácticas. La extradición de Hage Jalil podría ser solo el comienzo de una serie de acciones más contundentes en la búsqueda de justicia, lo que podría ofrecer un cambio de perspectiva en la lucha contra el terrorismo y el narcotráfico en la región.







