La política migratoria de Donald Trump ha experimentado un giro notable durante su segundo mandato, trasladándose de la frontera sur al interior de Estados Unidos. Este cambio de enfoque ahora sitúa su mira en individuos que llevan años, e incluso décadas, residiendo en el país, en lugar de centrarse únicamente en los recién llegados. Jonathan Blitzer, periodista de The New Yorker y autor del libro «Todos los que se han ido están aquí», describe esta evolución como un «ataque completo a las instituciones legales y democráticas de este país». Para él, este énfasis en la detención y persecución de inmigrantes asentados refleja un peligroso deslizamiento hacia formas autoritarias de gobierno en la nación, convirtiendo Estados Unidos en un «laboratorio» de tales prácticas.
Blitzer, quien ha estado cubriendo la crisis migratoria por más de una década, subraya que el término «crisis migratoria» no encapsula adecuadamente la situación actual. En su opinión, el uso de este concepto por parte de ciertos políticos está impregnado de cinismo, ya que buscan explotar la percepción de caos en la frontera para justificar políticas que desatienden las necesidades reales de las personas migrantes. En diálogo con BBC Mundo, plantea que la falta de un adecuado enfoque humanitario ha llevado a una crisis, no solo en la frontera, sino en el corazón de Estados Unidos, donde la capacidad del sistema para manejar las necesidades de los migrantes se ha visto gravemente comprometida.
En su análisis histórico, Blitzer sitúa el origen del problema migratorio en la década de 1980, cuando se implementó la Ley de Refugiados de 1980. Esta ley estableció derechos formales para los solicitantes de asilo en la frontera, pero al mismo tiempo, estuvo marcada por tensiones políticas relacionadas con la Guerra Fría y el apoyo de Estados Unidos a gobiernos represores en Centroamérica. Muchos de aquellos que buscaban refugio se encontraron con un sistema que, en lugar de protegerlos, los rechazaba por el costo político de aceptar que sus aliados en la región estaban abusando de su propia población. Para Blitzer, entender este contexto histórico es crucial para abordar las dinámicas actuales de la migración en el país.
La conversión del debate sobre migración en un enfoque exclusivamente fronterizo ha llevado a una desatención de los problemas subyacentes más profundos. Blitzer señala que el sistema migratorio legal ha sido relegado a un status secundario, mientras que se alimenta una retórica peligrosa que reclama la abolición del derecho de asilo. Las acciones del actual gobierno, que incluyen la persecución de migrantes con visas de trabajo y la intensificación de detenciones tanto en la frontera como en ciudades internas, resaltan una violación alarmante de los principios democráticos. Las consecuencias de esta agresiva política migratoria son profundas, afectando no solo a los indocumentados, sino también a aquellos que están en el país legalmente.
Por último, la experiencia acumulada por los funcionarios durante el primer mandato de Trump ha facilitado la ejecución de políticas más drásticas en su segundo mandato. Blitzer comenta que, aunque la retórica y las acciones de Trump pueden haber ganado inicialmente el apoyo de algunas comunidades, la desaprobación está creciendo, especialmente cuando los efectos de sus políticas se hacen visibles en la vida cotidiana de los estadounidenses. Esta situación puede complicar el panorama electoral para el expresidente, quien debe navegar un terreno donde la economía y los derechos humanos están interconectados, y donde el descontento generalizado podría influir en la forma en que los votantes ven su legado migratorio.






