El reciente acuerdo del Estatuto de las Fuerzas (SOFA) firmado entre Paraguay y Estados Unidos ha generado un fuerte debate en el país sudamericano. Promulgado por el presidente Santiago Peña, este acuerdo facilita la presencia de personal civil y militar estadounidense en Paraguay, permitiendo realizar actividades militares y de seguridad. Mientras algunos legisladores y analistas argumentan que el acuerdo sienta las bases para una cooperación estratégica contra el crimen organizado, otros lo consideran una injerencia en la soberanía nacional. Este descontento ha resurgido después de la participación de Peña en la cumbre Escudo de las Américas, donde se promovieron nuevas coaliciones militares en respuesta a las amenazas regionales.
Desde el gobierno paraguayo, se asegura que el SOFA establece un marco jurídico que facilita la cooperación en seguridad y defensa. El Departamento de Estado de EE.UU. ha calificado el acuerdo como un ‘estándar de oro’, indicando la importancia de la colaboración bilateral. El diputado oficialista Juan Manuel Añazco defendió la iniciativa, resaltando que su objetivo es crear reglas claras para una cooperación que ya existe, pero que carecía de un marco normativo adecuado. Sin embargo, la oposición ha expresado temor ante lo que consideran privilegios excesivos otorgados al personal estadounidense, lo que podría llevar a una relación dispareja y perjudicial para la soberanía del país.
El acuerdo incluye disposiciones que otorgan a los miembros del personal militar de EE.UU. inmunidades y excepciones fiscales en Paraguay. Por ejemplo, los efectivos estadounidenses no necesitan pasar por los controles aduaneros convencionales y poseen la capacidad de portar armas dentro del país. Uno de los puntos más controversiales es que, en caso de delitos cometidos por personal estadounidense, la jurisdicción recaerá sobre los tribunales de EE.UU. en lugar de la justicia local. Esto ha sido objeto de críticas intensas, pues muchos legisladores opositores sostienen que esto representa un riesgo para los derechos de los paraguayos que pudiesen verse afectados.
Expertos en seguridad han manifestado opiniones diversas sobre el acuerdo, indicando que si bien este puede ser visto como una herramienta para enfrentar desafíos de seguridad, la condición de privilegios especiales que brinda a EE.UU. podría resultar en complicaciones para Paraguay. Aunque algunos analistas consideran que, en el contexto actual, es preferible que los casos sean juzgados en EE.UU. debido a la ineficiencia de la justicia paraguaya, otros advierten sobre los riesgos que esto representa para sus ciudadanos. La discusión se centra en si este acuerdo facilitará una mayor seguridad para Paraguay o, por el contrario, vulnerará su soberanía y dignidad nacional.
El SOFA, desarrollado en un contexto de creciente preocupación por la influencia de actores externos en la región, busca consolidar la posición de EE.UU. en Paraguay y contrarrestar las amenazas del crimen organizado y el narcotráfico. No obstante, la respuesta de la sociedad civil ha sido contundente, con organizaciones de derechos humanos denunciando que el acuerdo no significa un avance en la seguridad, sino una ‘geopolítica de la impunidad’ que pone en riesgo la dignidad nacional. Esta polarización en la opinión pública y política de Paraguay destaca las complejidades de la relación con un poderoso socio como Estados Unidos, especialmente en un momento donde las dinámicas regionales están cambiando rápidamente.






