Antes de alcanzar la gloria como el chef más aclamado de América Latina, Álvaro Clavijo tuvo un recorrido lleno de desafíos en el mundo culinario. Originario de Bogotá, dejó atrás su sueño de estudiar arquitectura tras un año insatisfactorio en la Universidad de Los Andes. Su viaje lo llevó a París, donde comenzó fregando platos en las cocinas de la ciudad, descubriendo que la gastronomía era mucho más que glamour. Clavijo, lejos del escepticismo de su madre sobre su futuro en la cocina, se enroló en la Escuela Hofmann de Barcelona, conocida por su rigor y excelencia, donde formó las bases de su carrera. Su aprendizaje se consolidó con años en la alta cocina francesa, dejando huella en su estilo, que mezcla la técnica francesa con sabores colombianos.
En 2013, Clavijo regresó a Bogotá y abrió la primera versión de El Chato en Quinta Camacho. Desde su inicio, el restaurante ofreció un menú que reflejaba su pasión por las carnes cocinadas a fuego lento y una atención obsesiva por el detalle. Aunque logró conquistar a un grupo leal de comensales, se dio cuenta de que el espacio no estaba al nivel de la emergente escena gastronómica de la ciudad. Fue entonces cuando decidió trasladarse a Chapinero Alto, donde El Chato encontró su hogar definitivo. En esta nueva ubicación, el restaurante no solo sobrevivió, sino que se estableció como uno de los más influyentes de América Latina, gracias a su enfoque en la diversidad de ingredientes locales y técnicas globales.
El ambiente de El Chato es único, una mezcla de sofisticación sin pretensiones que incluye elementos decorativos curiosos, como un teléfono rotatorio de los años 70 y fotos de la infancia de su equipo. El menú es simple pero efectivo, con platos diseñados para emocionar y no intimidar. La bebida insignia, el «mulo», fusiona tradición y frescura, mientras que cada plato refleja la cultura y biodiversidad de Colombia. Clavijo destaca la importancia de la temperatura en la cocina; sus carnes son curadas a la perfección antes de ser asadas, creando una experiencia culinaria que honra la alquimia de los sabores y la técnica.
El distintivo papel de El Chato como embajador de la biodiversidad colombiana ha sido clave para su ascenso en el ranking de los 50 Mejores Restaurantes de América Latina. Clavijo colabora estrechamente con pequeños agricultores en la Sabana de Bogotá, lo que le permite reinterpretar la cocina colombiana utilizando ingredientes raramente vistos en restaurantes de alta gama. Este enfoque no solo ha garantizado la sostenibilidad de su menú, sino que también ha establecido a El Chato como un referente en la escena gastronómica. Su reconocimiento como el mejor restaurante de la región en 2025 es solo una parte de su filosofía: seguir explorando y profundizando en los sabores mientras se forjan relaciones más fuertes con los productores locales.
El impacto de El Chato en la gastronomía regional se evidenció en la lista de los 50 Mejores Restaurantes de América Latina 2025, donde se reconocieron a restaurantes innovadores de diversas ciudades. Desde Kjolle en Lima hasta Don Julio en Buenos Aires, se celebró la diversidad de la cocina latinoamericana. El Chato, ocupando el primer puesto, no solo establece un nuevo estándar entre los restaurantes, sino que también representa la evolución constante de la cocina colombiana. Clavijo continúa trabajando con su equipo para redefinir lo que significa la cocina en Colombia, llevando a los comensales a un viaje sensorial a través de la biodiversidad de su país.






