La captura de Nicolás Maduro, llevada a cabo por el gobierno de Donald Trump en la madrugada del 3 de enero, desató un intenso debate en toda América Latina. Mientras algunos líderes elogiaron la acción como un paso hacia la restauración de la democracia en Venezuela, otros la vieron como una violación flagrante de la soberanía nacional. Los comentarios variaron desde la celebración de la detención del mandatario chavista por parte de figuras como Mauricio Macri y Javier Milei, hasta la condena al ataque militar desde la perspectiva del gobierno brasileño, liderado por Luiz Inácio Lula da Silva.
Mauricio Macri, expresidente de Argentina, aplaudió la captura de Maduro, afirmando que «Latinoamérica recupera un país secuestrado por una dictadura». Macri utilizó su cuenta de X para expresar su satisfacción, comentando sobre la necesidad de poner fin a la impunidad que rodea a dictadores como Maduro. Su mensaje resuena con otros en la región que consideran que la acción tomada por Estados Unidos es un intento legítimo de restaurar la democracia en Venezuela, aunque no todos comparten esta perspectiva.
En contraste, Jair Bolsonaro, quien también ha sido crítico del régimen venezolano en el pasado, advirtió sobre el peligro de una intervención militar directa. Lula da Silva, actual presidente de Brasil, calificó la detención de Maduro como un «primer paso hacia un mundo de violencia, caos e inestabilidad». En un comunicado claro, condenó la acción de Estados Unidos como una violación del derecho internacional y una comparación con las intervenciones militares del pasado que solo han traído desestabilización a la región.
Desde Colombia, también hubo reacciones críticas. Juan Manuel Santos, exmandatario colombiano, hizo hincapié en la importancia de respetar el derecho internacional y la soberanía de las naciones, indicando que la estabilidad en América Latina solo es posible si se siguen estos principios. Su declaración subraya la profunda preocupación en la región frente a cualquier tipo de intervención militar, sugiriendo que el diálogo y la diplomacia deben ser los caminos hacia la resolución de la crisis venezolana.
Luis Arce, expresidente de Bolivia, se pronunció en términos enfáticos, rechazando la intervención militar de EE.UU. y describiendo la captura de Maduro y su esposa como un «secuestro» inaceptable. Las voces en Europa también se hicieron escuchar, con el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, llamando a la desescalada del conflicto y resaltando la urgencia de respetar el derecho internacional. Esta respuesta sugiere que más allá de las fronteras de América Latina, el episodio ha suscitado inquietudes globales sobre el respeto a la soberanía y el uso de la fuerza en relaciones internacionales.








