La desaparición de mujeres en América Latina es una tragedia que se intensifica con cada nuevo caso, particularmente en México, donde el dolor y la injusticia son palpables para muchas familias. Araceli Salcedo, madre de Fernanda Rubí, quien fue secuestrada en Veracruz en 2009, ha dedicado catorce años a buscar a su hija. Su lucha refleja el sufrimiento interminable que sienten numerosas madres que, enfrentándose a la indiferencia y a las amenazas, marchan en busca de respuestas. Este fenómeno no es aislado; se trata de una crisis decisiva en la que el dolor se transforma en un llamado colectivo por justicia y visibilidad, resaltando la necesidad urgente de abordar la violencia sistémica contra la mujer en la región.
Marta Hurtado, portavoz de ONU Derechos Humanos, especifica que América Latina se mantiene como una de las regiones con los más altos índices de violencia contra mujeres. En los últimos años, un aumento alarmante de desapariciones femeninas ha sido registrado, con más de 11,500 casos en el Estado de México entre 2018 y 2024. A pesar de que los hombres aún representan la mayoría de las desapariciones, la tendencia creciente de mujeres y niñas desaparecidas genera preocupación y urge a las autoridades a implementar medidas más efectivas. Estas desapariciones a menudo se contextualizan en entornos donde la pobreza, la violencia y la discriminación convergen, dejando a ciertos grupos, como las mujeres indígenas y migrantes, en una posición especialmente vulnerable.
El fenómeno de la trata de personas está íntimamente ligado a las desapariciones de mujeres y niñas en América Latina. Según un informe reciente, una gran parte de las víctimas de trata es captada bajo el pretexto de empleos falsos, muchas veces en contextos de violencia hogar. La explotación sexual se convierte en un destino común. En Perú, las estadísticas revelan que más del 85 por ciento de las víctimas de trata son mujeres, y un alarmante 35.9 por ciento son menores de edad. Este contexto de vulnerabilidad es frecuentemente ignorado por los organismos estatales, lo cual contribuye a la falta de respuestas efectivas frente a estos crímenes que se interrelacionan.
El análisis del impacto de la trata y la desaparición de mujeres identifica patrones de explotación sexual que se repiten en numerosos países latinoamericanos. Según los expertos, por cada víctima de trata identificada, hay un estimado de 20 que permanecen ocultas, desprotegidas. En muchos casos, la captación de mujeres y niñas se facilita por circunstancias de pobreza y violencia en el hogar, lo que las hace más susceptibles a las garras de los tratantes. Rossina Guerrero, de Promsex, subraya que el Estado no ha respondido adecuadamente a esta crisis, tratando los problemas de trata y desapariciones como fenómenos separados, cuando en realidad, están profundamente entrelazados.
Frente a esta crisis humanitaria, se hace indispensable un enfoque interseccional que contemple las particularidades de género y contexto social. Las autoridades deben establecer protocolos de búsqueda inmediatos y efectivos, así como fomentar campañas de concientización y prevención en comunidades vulnerables. La urgencia de proteger a las mujeres y niñas migrantes también es vital, dado que son frecuentemente objeto de abusos en sus trayectos. Los especialistas coinciden en que una respuesta integral, centrada en la prevención de la violencia, la educación en derechos humanos y la rápida movilización institucional, marcará la diferencia crucial en la lucha contra la trata y la desaparición de mujeres en América Latina.








