La reciente estrategia del presidente Daniel Noboa en Ecuador ha definido una nueva fase en la guerra contra las drogas, intensificando la respuesta militar en conjunto con una creciente cooperación internacional. Este enfoque se enmarca dentro de la coalición «Escudo de las Américas», impulsada por el gobierno estadounidense durante la administración de Donald Trump, con el objetivo de unificar esfuerzos a lo largo de la región para combatir a los poderosos carteles del crimen organizado. Sin embargo, este nuevo enfoque ha suscitado voces críticas que cuestionan su efectividad a medio y largo plazo, en un contexto donde la violencia y el crimen organizado parecen persistir sin dar tregua.
Durante estos dos años de conflicto declarado contra el crimen, el presidente Noboa ha implementado medidas drásticas que incluyen la imposición de toques de queda, detenciones masivas, y ahora, bombardeos aéreos en áreas estratégicas del país. Las operaciones conjuntas con Estados Unidos y otros países europeos reflejan una mejora en la colaboración internacional. A pesar de estos esfuerzos, la respuesta de algunos sectores de la población ha sido de resistencia, como se evidenció en la provincia de Los Ríos, donde se han intentado expulsar a las Fuerzas Armadas de áreas consideradas estratégicas para su intervención.
Uno de los incidentes más polémicos en esta nueva fase de la guerra contra las drogas ocurrió en la provincia de Sucumbíos, donde fuerzas ecuatorianas llevaron a cabo un bombardeo en un supuesto campamento delictivo atribuido a alias «Mono Tole». Sin embargo, este ataque resultó en daños a una finca lechera, lo que ha levantado preocupaciones sobre los riesgos que implica una estrategia de uso intensivo de la fuerza en regiones alejadas. Este tipo de incidentes subraya la dificultad de distinguir entre objetivos legítimos y collaterales en un conflicto de tan altas temperaturas, lo cual podría agravar la indignación local y la percepción de un enfoque desmedido por parte del gobierno.
A pesar de la captura de líderes de organizaciones criminales como Los Tiguerones y Chone Killers, el clima de violencia en Ecuador ha continuado en ascenso. En 2025, el país alcanzó una tasa de homicidios alarmante de 50 por cada 100,000 habitantes, consolidándose como el más violento de América Latina. Aunque hay una ligera reducción en el número de asesinatos registrados en el primer trimestre de 2026, las cifras siguen siendo desalentadoras, destacando la lucha constante por el control de rutas de narcotráfico entre las distintas mega-bandas que operan en el país.
La coalición «Escudo de las Américas» representa un intento renovado de abordar el narcotráfico de forma concertada, buscando crear un frente común ante un enemigo compartido. Sin embargo, su enfoque militar recuerda a políticas anteriores en la región que resultaron ineficaces y muchas veces contraproducentes. Si bien hay un respaldo considerable entre la población por la implementación de mano dura, los especialistas advierten que las organizaciones criminales en Ecuador han evolucionado, fortalecidas por recursos económicos y armamentísticos que desafían las estrategias actuales. Así, la nueva fase de la guerra contra las drogas continúa siendo un terreno de incertidumbres y desafíos, donde la adaptación de las economías ilícitas y la fragmentación de las bandas pueden intensificar aún más un ciclo de violencia ya devastador.








