La oleada de violencia que actualmente asola a Haití no se limita únicamente a la capital, Puerto Príncipe, sino que se ha extendido a diversas regiones del país, evidenciando un panorama preocupante tras el asesinato del presidente Jovenel Moïse en 2021. Desde entonces, el país ha visto un deterioro acelerado en áreas fundamentales como la seguridad, la educación y la salud pública. Según informes recientes, la violencia ha cobrado la vida de más de 5,600 personas en la capital en lo que va de 2024, mientras que incidentes trágicos como la masacre de Preval, donde 50 personas fueron asesinadas, demuestran que el conflicto no solo afecta a la capital, sino que está ganando terreno en otras regiones como Artibonito, Plateau Central y Leogane.
El ataque en Preval, llevado a cabo por grupos armados en busca de venganza tras la muerte de un líder pandillero, resalta la brutalidad creciente y la falta de control gubernamental en áreas rurales. Los testigos relatan un escenario espantoso donde decapitaciones y quema de cuerpos eran comunes, lo que indica que las bandas armadas han tomado el control de la vida cotidiana en estas comunidades. La Coalición de Autodefensa, responsable de la masacre, actúa en un entorno de competencia con la banda Gran Grif, considerada una de las organizaciones más poderosas y violentas en la región, lo que agrava aún más el panorama de inseguridad.
Artibonito, en particular, ha despertado el interés de los analistas por su relevancia económica y estratégica. Esta región es conocida por ser una de las más fértiles del país, gracias a su irrigación por dos ríos, lo que la convierte en una zona clave para la producción de arroz, el principal producto de exportación de Haití. Sin embargo, esta riqueza ha sido fuente de conflicto y violencia a lo largo de los años. Con al menos 20 grupos criminales operando en la región, muchos de ellos autodefensas que buscan proteger sus intereses económicos, la situación se complica. Gran Grif, reconocida por su influencia y los crímenes que ha cometido, es un actor dominante responsable del 80% de las muertes civiles en Artibonito desde 2022.
Además de Artibonito, otras ciudades como Mirebalais y Leogane también están viendo el impacto del conflicto. En Mirebalais, un reciente ataque coordinado de la coalición de pandillas G-9 culminó con la liberación de 500 reclusos, lo que refleja la falta de control que el Gobierno tiene sobre áreas clave del país. Este tipo de incidentes indican no solo una extensión de la violencia más allá de la capital, sino una búsqueda de control estratégico sobre rutas de tráfico importantes. Leogane, por su parte, ha recibido un gran número de desplazados, creando una situación crítica donde comunidades vulnerables se ven atrapadas entre el fuego cruzado de grupos rivales.
El incremento de la violencia ha llevado al desplazamiento forzado de miles de personas, lo que pone en peligro la producción agrícola y aumenta la amenaza de hambruna en algunas áreas del país. En este contexto, los expertos coinciden en que la solución a esta terrible situación pasa por la implementación de una estrategia política y de seguridad efectiva. Las fuerzas de paz internacionales, como las tropas de Kenia, son actualmente las más activas en materia de seguridad, pero muchos creen que se necesita un enfoque más integral para abordar no solo la violencia de las pandillas, sino también el narcotráfico y el tráfico de armas. La reciente declaración de Fritz Alphonse Jean sobre una «guerra» contra las fuerzas desestabilizadoras en Haití sugiere que el camino hacia la paz y la seguridad no será fácil y requerirá un esfuerzo conjunto de todos los sectores de la sociedad.








