José Antonio Kast asumió oficialmente la presidencia de Chile el miércoles, marcando el comienzo de una administración ultraconservadora en un contexto regional marcado por tensiones geopolíticas. Enfrentando una complejidad diplomática sin precedentes, Kast tomará las riendas de un país que tiene una relación comercial estrecha con China, su principal socio, mientras intenta armonizar esta relación con las demandas de Estados Unidos, que busca reducir la influencia china en América Latina. Este complicado escenario fue anticipado por expertos que advierten que mantener el equilibrio entre ambas potencias será uno de los mayores desafíos del nuevo gobierno.
La relación diplomática entre Chile y China se remonta a 1970, lo que convierte a Chile en el primer país sudamericano en establecer vínculos con la nación asiática. A pesar de las turbulencias políticas a lo largo de la historia, la asociación ha florecido y actualmente, según datos de la Subsecretaría de Relaciones Económicas Internacionales (Subrei), China representa el 32,7% del intercambio comercial chileno, concentrándose en la exportación de cobre, litio, productos agrícolas y pesca. La solidez de esta relación sitúa a Chile en una posición única, siendo uno de los pocos países en el continente que cuenta con Tratados de Libre Comercio tanto con Estados Unidos como con China.
Kast ha enfrentado un primer gran desafío diplomático relacionado con un proyecto de cable de fibra óptica que une a Chile con Hong Kong. Las tensiones surgieron cuando el gobierno saliente de Gabriel Boric fue sancionado por Estados Unidos, lo que complicó la transición de poder. A diferencia de su predecesor que cuestionó las sanciones, Kast adoptó una postura pragmática, optando por distanciarse del conflicto, lo que refleja su alineación con la política estadounidense. La respuesta inicial del nuevo gobierno a esta crisis ha sembrado dudas sobre cómo manejará futuras relaciones con China, especialmente en proyectos que pueden verse afectados por la presión de Estados Unidos.
Pese a las advertencias de expertos sobre las complicaciones de tratar de satisfacer a ambas potencias, Kast enfatizó que no ve la necesidad de elegir entre ellos. Tras su participación en la cumbre del Escudo de las Américas en Miami, declaró que su administración buscará las mejores relaciones posibles tanto con China como con Estados Unidos, asegurando que la soberanía chilena será prioritaria. Sin embargo, el desafío será monumental dado que las decisiones que tome podrían afectar no solo la economía del país, sino también su posicionamiento geopolítico en un escenario internacional cada vez más complejo.
Finalmente, la administración de Kast intentará reconstruir las relaciones con Estados Unidos luego de un mandato de Boric caracterizado por la confrontación. El exembajador Jorge Heine y otros analistas subrayan la importancia de un enfoque pragmático que garantice los intereses comerciales de Chile con ambos países. A medida que el nuevo gobierno avanza, se anticipa que el nombramiento de Luis Schmidt como embajador en China sea clave para mantener la diplomacia pragmática, lo que señala un intento de Kast por equilibrar las exigencias de Washington con la necesidad de mantener provechosas relaciones con Beijing.








