El presidente de Colombia, Gustavo Petro, hizo un fuerte llamado al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, instando a que devuelvan a Nicolás Maduro a Venezuela para que sea juzgado por tribunales de su país y no por la justicia estadounidense. Este pronunciamiento se produjo a pocos días de su tan esperada reunión programada para el 3 de febrero en la Casa Blanca. Durante su declaración, Petro enfatizó: “Tienen que devolverlo y que lo juzgue un tribunal venezolano, no estadounidense”, destacando su oposición a lo que considera una extralimitación de la autoridad estadounidense al intervenir en los asuntos internos de un país soberano. Su crítica se intensificó a raíz de la incursión militar estadounidense en Caracas que resultó en la captura de Maduro, acontecimiento que generó fuertes reacciones en toda América Latina.
En sus declaraciones, Petro rechazó categóricamente el uso de la fuerza como solución a las disputas políticas dentro de la región. Argumentó que bombardear Caracas no es solo un ataque dirigido contra Maduro, sino que claramente afecta a toda la población venezolana, afirmando que tal agresión histórica nunca será olvidada. “¿Cómo se les ocurre bombardear la patria de Bolívar?”, exclamó Petro, sugiriendo que el uso de la fuerza e intervenciones militares minan la soberanía y dignidad del pueblo venezolano. Al considerar la detención de Maduro como un «secuestro», Petro se ha mantenido firme en su postura crítica desde la ejecución de la operación militar, reclamando una violación de los principios internacionales de respeto a la soberanía.
Petro amplía su crítica hacia el orden internacional al señalar la decadencia de organismos como las Naciones Unidas, los cuales, según él, son incapaces de frenar conflictos armados, haciendo referencia, por ejemplo, a la guerra en Gaza. No obstante, subrayó que la respuesta a estos fracasos no debe ser el uso de intervenciones militares, sino promover una visión de «hermandad humana» que esté por encima de los intereses tradicionales de los Estados. Este enfoque sugiere un cambio paradigmático necesario en la política internacional, que, según Petro, debería estar cimentado en el respeto mutuo y la cooperación sincera entre naciones, en lugar de la coerción.
La relación entre Petro y Trump ha estado marcada por tensiones a raíz de diversas posturas políticas. Desde el regreso de Trump a la presidencia, se han generado desacuerdos en temas clave como la política migratoria y la estrategia antinarcóticos. La situación se agravó el 26 de enero de 2025 cuando Petro rechazó un vuelo con migrantes colombianos deportados desde EE.UU., denunciando un “trato indigno”. Aunque una llamada telefónica cambió el rumbo de su discurso público, Petro recordó que su crítica a la intervención estadounidense permanece escrita y que algún día será revelada. Esta dinámica de constante tensión ha mantenido a ambos mandatarios en un tira y afloja diplomático.
La reunión programada entre Gustavo Petro y Donald Trump el 3 de febrero se presenta como un punto crucial para abordar las crecientes tensiones y redefinir la relación bilaterial entre ambos países. La administración Trump ha defendido las acciones que llevaron a la captura de Maduro, considerándolas una «operación quirúrgica de aplicación de la ley», mientras que el mismo Maduro se ha declarado prisionero de guerra ante un tribunal estadounidense. El contexto regional de inestabilidad política y las crecientes discusiones sobre la soberanía y la intervención extranjera hacen de este encuentro una oportunidad significativa para establecer un diálogo que busque la desescalada de conflictos y una nueva cooperación entre Colombia y Estados Unidos.








